viernes, 15 de abril de 2011

Un disco, un mundo

Hay ciertos momentos donde se conecta con un determinado disco que contiene sin pretenderlo mucha parte de una vida y se graba en la piel a hierro candente.
La música traspasa las fronteras que tiene marcadas por lo idiosincrásico de su propuesta y se apodera de alguna parte de tu cuerpo a modo de tic nervioso que lleva a que las melodías a ella adscritas terminen gobernando el sistema, por lo menos por un periodo determinado de tiempo.
Como cualquier estímulo externo la respuesta puede ser atractiva o totalmente desestimulante pero inevitablemente tanto en un caso como en el otro martillea sin remedio todo ente cognitivo y amaneces con las mismas cantinelas una y otra vez. Cada disco un mundo.

jueves, 24 de marzo de 2011

Retrocedemos pero avanzamos

Siempre que intento retroceder antes de avanzar, tras un momento de liberacion berborreica, acabo enfrentándome a una realidad que de ser querida, hubiera sido la menos querida. Porque nos encargaramos de sacrificar la voluptuosa y aplastante verdad con recuerdos abstractos de algo que pudo haber sido y que sin embargo tenemos la más absoluta certeza de que fue. En aquellos momentos en los que el angosto camino nos deja poco espacio donde descansar es donde podemos crecer o hundirnos sin remedio, aunque siempre con un soplo de oportunidad de rescatarnos o que nos rescaten.

viernes, 18 de febrero de 2011

La luz

Cuando todo parece perdido y nada parece avanzar, resulta que una pequeña luz amanece en el vacío y trae consigo un soplo de esperanza y de prosperidad.
Esas pequeñas luces no permanecen eternas allá donde habitan, por lo que si alguna vez, justo en el preciso momento en que crees que ya nada tiene solución aparece una, agárrate con tal fuerza a ella que el calor de tu cuerpo acabe haciéndola estallar, ramificándose y regando de claridad a cada uno de los poros de éso que algunas personas han decidido llamar vida y otros simplemente no nombran para no perderse en descripciones abstractas.

domingo, 2 de enero de 2011

Nuevo año

Uno de los objetivos que tengo este nuevo año que comienza es justamente no marcarme ningún objetivo, al fin y al cabo voy a acabar haciendo lo mismo que todos los años.

Resignación. Tengo varios frentes abiertos, una ardua lucha, un largo camino en todos ellos, en unos más que en otros y me conformo con... ¡mierda! ¡encima no soy de los que se conforman!.

sábado, 16 de octubre de 2010

Coches


Sólo un minuto antes antes de llegar a casa he intentado contar todos los coches con los que me he cruzado: Los que iban en el sentido de mi marcha delante de mí y detrás a través del espejo retrovisor, los que venían en sentido contrario, los que estaban aparcados a ambos lados de la carretera. Sé de hecho, que aunque mi esfuerzo fue notable, mi vista no logró poder cuantificar la cifra real de vehículos que pasaron ante mis ojos. Definitivamente y aproximadamente fueron cuarenta.
Luego; multipliqué cuarenta por dos, porque pensé en ese momento que dos era el número de personas que se podían vincular directamente con cada uno de los automóviles con los que me había cruzado, posiblemente en algunos casos serían más, pero también en otros menos, éstos últimos en menor medida espero.
En conclusión me había cruzado de alguna manera con un pequeño pedazo de la vida de unas ochenta personas. Una vida única en este mundo.
En ese preciso momento mi vida fue sólo una más.

lunes, 6 de septiembre de 2010

La Playa

Es algo extraño lo que ocurre en la playa un luminoso y caluroso día de verano. La permanencia durante unas horas en la misma funciona a modo de terapia gratuíta que ayuda a superar algunos de los enfoques negativos del entorno.
En el caso de que la estancia en el planeta tierra no sea del todo placentera se puede recurrir a iniciarse en esta sencilla práctica donde el vaivén de las olas, el murmullo del mar o los gritos de los niños al tirarse bolas de arena terminan provocando una sincera mejoría en el estado de ánimo.
La playa ofrece un mensaje sin concesiones que se dispara a discrección con el objeto de impactar en algún lugar de la cabeza y desatar una lluvia de confetti de colores y bienestar. Tal mensaje corroe como un virus y se propaga en cada uno de los seres humanos que ilusionados pisan la arena.
Está claro que la sensación dura precisamente sólo esas horas en las que permanezcamos en dicho lugar, pero no por ello debemos de quejarnos.